Medellín fights organized crime with ‘world’s smallest bank’

Medellin, Colombia, is giving low-income residents access to safe and affordable loans.

Para la versión en español, lea abajo.

Taking out a loan always involves financial risk. But the risks extend to personal safety in Medellín, Colombia, where, for many people, the only loan options are connected to organized crime.

Just ask 74-year-old Debora Gomez. When she wanted to purchase a food truck to support her family-run pizzeria, she took out a $350 loan at 20 percent interest. And when sales from the truck didn’t work out like she hoped, she found herself overcome with overdue bills that she worried could eventually lead to threats of physical violence against her.

Gomez was the kind of person Medellín Mayor Federico Gutiérrez had in mind when the city entered and won the 2016 Mayors Challenge with the plan for Bancuadra, a program that provides low-income residents with safe and affordable loans to repay debts or pay for basic expenses. Called “the world’s smallest bank,” Bancuadra takes aim at illegal but common gota a gota, or “drop by drop,” loans. Interest rates for these loans can add up to more than 700 percent per year, trapping borrowers — most of them with limited resources — in a vicious cycle that can be impossible to break. It’s estimated that 1 million Medellín-area residents make use of these illegal loans. Similar loan networks are prevalent throughout Latin America.

Gomez, who took out a Bancuadra loan — at less than 1 percent interest — to pay off her gota a gota, said the help was just what she needed. “There was no way we could pay back [the original loan],” she said. Medellín’s program “came at the perfect time.”

But the program is about more than cheap money. To access the loans, participants must work with trained agents on financial literacy and money management skills. They also must form a network of five to 19 people — often family members, friends, neighbors or co-workers — who share responsibility for the loan and hold each other accountable for paying it back. If the group fails to repay the loan, they become ineligible to receive another.

This sense of solidarity, Gomez said, has been critical in helping her manage her finances. “As a group, we talk about how we invest our money,” she said, “and meet regularly to plan how to work better together.”

Gomez is one of more than 4,000 residents helped by Bancuadra by the end of 2017. Another is 30-year-old Andrea Alvarez Durango, who was looking to add on to her family’s cramped home and, when she found out about the program, thought it was “too good to be true.” “There were a lot of us who thought it couldn’t be real,” she said. “I decided to take a chance because I wanted to build my home and didn’t have the necessary resources or materials.”

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To form her loan network, Durango turned to her mother, husband, and her sister’s husband. Each of them received a $70 loan, which they pooled together to buy a building permit and construction materials. They successfully paid off that loan in two months and now hope to take out another one so they can do more work on their home.

“I know of a few people who have lost everything, even their homes, because of a gota a gota loan,” Durango said. “When I learned about Bancuadra, I was really motivated. People in desperate situations should know that there are possibilities and opportunities to safely get out of debt.”

Medellín combate el crimen organizado con ‘el banco más pequeño del mundo’

Tomar un préstamo siempre implica un riesgo financiero. Pero los riesgos se extienden a la seguridad personal en Medellín, Colombia, donde, para muchas personas, las únicas opciones de préstamos están conectadas con el crimen organizado.

Eso fue lo que le sucedió a Debora Gomez de 74 años. Cuando quería comprar un carrito de comida para apoyar a su pizzería familiar, ella contrató un préstamo de $350 con una tasa de interés de 20 por ciento. Y cuando las ventas del carrito no funcionaron como esperaba, se encontró abrumada con facturas vencidas que temía que pudiesen resultar en amenazas de violencia física contra ella.

Gomez era el tipo de persona que Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín, tenía en mente cuando la ciudad ingresó y ganó el 2016 Mayors Challenge con el plan Bancuadra, un programa que proporciona préstamos seguros y económicos a los residentes de bajos ingresos para pagar deudas o cubrir gastos básicos. Llamado “el banco más pequeño del mundo”, Bancuadra combate préstamos ilegales conocidos como gota a gota. Las tasas de interés para estos préstamos pueden sumar a más de 700 por ciento al año, atrapando a los prestatarios, la mayoría de ellos con recursos limitados, en un círculo vicioso que puede ser imposible de romper. Se estima que 1 millón de residentes del área de Medellín hacen uso de estos préstamos ilegales. Redes de préstamos similares son frecuentes en toda América Latina.

Gomez, que obtuvo un préstamo de Bancuadra -con menos del 1 por ciento de interés- para pagar su gota a gota, dijo que esto era justo lo que necesitaba. “No había forma de que pudiéramos pagar [el préstamo original]”, dijo. El programa de Medellín “llegó en el momento perfecto”.

Pero el programa va más allá que de dinero barato. Para acceder a los préstamos, los participantes deben trabajar con agentes entrenados en el tema de financias y con buen entendimiento de gestión del dinero. También deben formar una red de cinco a 19 personas -cuyas normalmente consisten de miembros de la familia, amigos, vecinos o compañeros de trabajo- que comparten la responsabilidad del préstamo y se responsabilizan recíprocamente por devolverlo. Si el grupo no puede pagar el préstamo, se vuelven inelegibles para recibir otro préstamo.

Este sentido de solidaridad dijo Gómez, ha sido fundamental para ayudarla a administrar sus finanzas. “Como grupo, hablamos sobre cómo invertimos nuestro dinero”, dijo, “y nos reunimos regularmente para planificar cómo trabajar mejor juntos”.

Gomez es una de los más de 4,000 residentes que Bancuadra ayudó a finales de 2017. Otra es Andrea Álvarez Durango, de 30 años, quien estaba buscando agregarse a la casa de su familia y, cuando se enteró del programa, pensó que era “demasiado bueno para ser verdad”. Agregó que “muchos de nosotros pensamos que no podía ser real. Decidí arriesgarme porque quería construir mi casa y no tenía los recursos ni los materiales necesarios”.

Para formar su red de préstamos, Durango habló con su madre, su esposo y el esposo de su hermana. Cada uno de ellos recibió un préstamo de $70 que juntaron para comprar un permiso de construcción y materiales de construcción. Pagaron exitosamente ese préstamo en dos meses y ahora esperan sacar otro para que puedan finalizar el tejado de la casa.

“Conozco algunas personas que han perdido todo, incluso sus hogares, debido a un préstamo gota a gota”, dijo Durango. “Cuando supe sobre Bancuadra, estaba realmente motivada. Las personas en situaciones desesperadas deben saber que hay posibilidades y oportunidades para salir de la deuda de forma segura “.

Celebrating public sector progress and innovation in cities around the world. Run by @BloombergDotOrg’s Government Innovation program. bloombergcities.org

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